Los expertos reunidos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) y Sciences Po hacen un llamamiento a la acción coordinada entre países para mejorar la resiliencia digital y proteger servicios esenciales como la sanidad, las finanzas y la respuesta a emergencias.

«La resiliencia debe integrarse en el ADN de las tecnologías de las que dependemos», afirmó Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la UIT. «Este informe nos insta a considerar la naturaleza sistémica de los riesgos y a replantearnos cómo protegemos los sistemas que conectan y empoderan a la humanidad».
«A medida que nuestras sociedades se vuelven más dependientes de las tecnologías digitales, las perturbaciones causadas por los desastres pueden propagarse en cadena a través de los sistemas y las fronteras, desencadenando fallos de gran alcance y potencialmente catastróficos», afirmó Kamal Kishore, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y Director de la UNDRR. «Debemos planificar, construir y mantener la infraestructura digital teniendo en cuenta el riesgo sistémico, ahora y en el futuro. La infraestructura digital debe ser una infraestructura resiliente».

Los riesgos de la dependencia digital
Las tecnologías digitales han revolucionado nuestra forma de vivir, conectarnos y trabajar, pero nuestra creciente dependencia de estos sistemas ha creado riesgos que a menudo pasan desapercibidos.
Una tormenta solar grave podría inutilizar los satélites, interrumpir los sistemas de navegación y desestabilizar las redes energéticas, con tiempos de recuperación que se miden en meses. Las temperaturas extremas podrían saturar los centros de datos, provocando cortes en los servicios móviles, así como fallos en los sistemas sanitarios y las transacciones financieras. Mientras tanto, los terremotos u otros peligros naturales pueden cortar conexiones vitales a Internet, ralentizando las operaciones empresariales y dejando a naciones enteras sin conexión durante semanas.
Cualquier escenario específico puede parecer aislado e improbable, no lo suficientemente alarmante como para provocar una respuesta global oportuna. Sin embargo, las vulnerabilidades digitales son reales, y es inevitable que se produzcan incidentes inesperados.
El informe destaca otra vulnerabilidad: las sociedades se han vuelto dependientes de los sistemas digitales sin mantener las competencias analógicas ni garantizar opciones de respaldo adecuadas.

Cuando los grandes sistemas fallan, ya no siempre hay alternativas sin conexión disponibles.

«Afrontar los riesgos sistémicos significa mirar más allá de los datos y trabajar de forma interdisciplinar», afirmó Arancha González, decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París en Sciences Po. «Este informe muestra cómo la formulación de políticas basada en datos puede ayudarnos a desarrollar la resiliencia en un mundo cada vez más interconectado».

Convertir el conocimiento en acción
El informe insta a los responsables políticos, al sector privado y a la sociedad civil a actuar ahora para evitar que estos riesgos se conviertan en una «pandemia digital», y aboga por un compromiso global y una acción coordinada.
Los autores sugieren tener en cuenta seis prioridades para salvaguardar la infraestructura digital crítica: Las conclusiones son el resultado de un proceso colaborativo en el que han participado expertos de 12 países, en representación de autoridades nacionales, el sector privado, el mundo académico y organizaciones internacionales.
Profundizar en el conocimiento: Identificar vulnerabilidades, cartografiar las dependencias intersectoriales, desarrollar modelos de posibles reacciones en cadena y mantener las competencias analógicas.
Modernizar la gestión de riesgos: Tratar las interrupciones digitales no intencionadas como un riesgo fundamental mediante la actualización de los marcos jurídicos y de gestión del riesgo de desastres, así como de los incentivos.
Reforzar las normas y la planificación: Establecer sistemas de respaldo robustos y llevar a cabo una planificación conjunta de escenarios multisectorial.
Mejorar la coordinación sobre riesgos críticos: Coordinarse de forma proactiva en torno a los riesgos de alto impacto que afectan a la meteorología espacial, los cables submarinos, los satélites y los centros de datos.
Fomentar la resiliencia social: Dotar a las comunidades y organizaciones de los medios necesarios para resistir y recuperarse de las interrupciones digitales, fomentando las capacidades de adaptación.
Fomentar la confianza y la colaboración: Desarrollar capacidades, reunir a las partes interesadas y promover la concienciación y la responsabilidad compartidas entre sectores y fronteras.​

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